Un estudio de la consultora generacional Mazinn, elaborado a partir de una muestra de 450 jóvenes de entre 18 y 30 años en España, revela que el consumo de snacks dulces se ha convertido en un hábito recurrente para la Generación Z. Mientras un 32% prioriza las alternativas sin azúcar, otro 15% rechaza los edulcorantes artificiales. La investigación también identifica una brecha entre las marcas que los jóvenes recuerdan y aquellas que realmente forman parte de su día a día.
El consumo de snacks dulces se ha integrado en la rutina cotidiana de los jóvenes españoles, aunque sus preferencias nutricionales reflejan una creciente polarización entre quienes buscan alternativas saludables y quienes priorizan el sabor tradicional. Así lo revela la última investigación de Mazinn, consultora especializada en las nuevas generaciones, que analiza los hábitos de consumo y la percepción de marca en esta categoría a partir de una muestra de 450 jóvenes de entre 18 y 30 años, más del 80% de ellos concentrados en la franja de 18 a 25 años.
Presentado el 26 de octubre de 2026 en Madrid, el estudio cuestiona la idea de que los dulces constituyen únicamente un capricho ocasional. Por el contrario, sus resultados muestran que estos productos ocupan un lugar habitual en la vida de la Generación Z, al tiempo que el debate sobre el azúcar y los edulcorantes abre una brecha entre distintas formas de entender el bienestar y el disfrute.
El informe apunta que aproximadamente siete de cada diez jóvenes consumen snacks dulces al menos una vez por semana, mientras que un 8% lo hace a diario. La categoría se vincula, por tanto, a momentos cotidianos de pausa y desconexión personal, más allá de las celebraciones o las ocasiones especiales.
La tarde y la merienda concentran el 42% de las ocasiones de consumo, seguidas por el ocio individual frente a pantallas, como ver series y películas o jugar a videojuegos, que representa el 18%. Estos datos sitúan a los snacks dulces como parte de los pequeños rituales de descanso de los jóvenes, asociados tanto al entretenimiento como al tiempo que dedican a sí mismos.
El comportamiento de compra también refleja la autonomía de este segmento. Según la investigación, el 62% de los encuestados compra personalmente los snacks que consume, mientras que el 78% realiza estas adquisiciones en cadenas de supermercados generalistas.
En cuanto a las preferencias de producto, el chocolate y las galletas mantienen una posición dominante, con un 56% y un 55%, respectivamente. Ambas categorías se sitúan por delante de otras alternativas, como la bollería, las golosinas y las barritas, y confirman el peso de los formatos tradicionales dentro de los hábitos de consumo juvenil.
Uno de los principales hallazgos del estudio de Mazinn es que no existe una única manera de relacionarse con los ingredientes y las etiquetas nutricionales. La investigación identifica cuatro perfiles diferenciados, que evidencian la diversidad de motivaciones dentro de la Generación Z.
El grupo más numeroso, que representa el 32% de los participantes, está formado por jóvenes que priorizan los productos sin azúcar y buscan opciones que consideran más saludables para su consumo habitual. Este segmento convierte la composición nutricional en un criterio relevante a la hora de elegir.
Por su parte, un 26% adopta una postura más flexible y pragmática: combina productos funcionales durante la semana con momentos de indulgencia en los que da prioridad al placer. En este caso, el consumo saludable y el disfrute no se perciben necesariamente como opciones incompatibles, sino como decisiones que dependen del momento.
En el extremo opuesto se encuentra el 23% que presta poca atención a las etiquetas nutricionales y elige los productos principalmente por su sabor y satisfacción inmediata. Para estos consumidores, la experiencia de consumo prevalece sobre la composición del alimento.
Finalmente, un 15% mantiene una postura crítica frente a los edulcorantes artificiales y prefiere las versiones tradicionales cuando decide darse un capricho. Este perfil introduce un matiz importante en el debate sobre la alimentación saludable: reducir el azúcar no implica necesariamente que todas las alternativas sean aceptadas por los consumidores.
En conjunto, los datos muestran que la categoría debe responder a expectativas diferentes. Aunque el 59% declara una actitud favorable hacia las alternativas saludables y el 61% se muestra abierto al consumo funcional, las marcas especializadas en este ámbito todavía presentan niveles de notoriedad reducidos frente a las referencias tradicionales asociadas al placer.
Para la industria alimentaria, el desafío consiste en desarrollar propuestas que conecten con estas sensibilidades sin transmitir que una elección más saludable implica renunciar al sabor o a la experiencia de disfrute.
La investigación también analiza cómo se relacionan los jóvenes con las marcas de snacks dulces y distingue entre la notoriedad, la autenticidad percibida, la identificación y la presencia real en los hábitos cotidianos.
En el terreno del recuerdo espontáneo, Oreo y Kinder encabezan la clasificación, con puntuaciones de 3,74 y 3,7 sobre 5, respectivamente. Ambas marcas también destacan por su autenticidad percibida, con valoraciones de 3,66 para Oreo y 3,69 para Kinder.

Su capacidad para conectar con los jóvenes se refleja asimismo en los niveles de identificación: un 14% de los participantes señala a Kinder como una de las marcas con las que más se identifica, frente al 10,6% que menciona Oreo.
Sin embargo, el estudio advierte de que ser una marca conocida no garantiza ocupar un lugar destacado en el consumo habitual. Para medir esta dimensión, Mazinn analiza el papel que cada enseña desempeña en la vida de los jóvenes, más allá de su capacidad para ser recordada.
Hacendado constituye uno de los ejemplos más representativos de esta diferencia. Aunque obtiene una puntuación de 2,88 sobre 5 en recuerdo y ocupa la duodécima posición del ranking, alcanza un 3,12 en la evaluación de su impacto real en el día a día.
Esta última cifra la sitúa cerca de marcas consolidadas como Kinder, que obtiene un 3,17, y Donuts, con un 3,09. Además, supera a Nutella en la medición del papel cotidiano: esta última registra un 3,02, pese a alcanzar una puntuación de 3,48 en recuerdo.
Los resultados apuntan a que las marcas tradicionales mantienen una ventaja en notoriedad, reconocimiento y asociación emocional, mientras que otras propuestas consiguen incorporarse a las rutinas de compra y consumo. En este contexto, la presencia habitual puede convertirse en un factor diferencial frente al peso de la memoria y la nostalgia.
A partir de estas conclusiones, Mazinn subraya la importancia de que las marcas abandonen los mensajes uniformes dirigidos a toda la Generación Z. Las diferencias detectadas en las actitudes hacia el azúcar, los edulcorantes y el consumo funcional indican que las estrategias deben adaptarse a las motivaciones específicas de cada perfil.
La oportunidad para las empresas alimentarias no reside únicamente en reforzar su notoriedad o introducir nuevas formulaciones, sino también en comprender los momentos y las necesidades que impulsan la elección de un producto.
En una categoría vinculada tanto al bienestar como al placer, el reto será construir propuestas capaces de responder a sensibilidades nutricionales contrapuestas y, al mismo tiempo, integrarse en los hábitos cotidianos de los consumidores. La investigación concluye así que conectar con los jóvenes exige ir más allá de ser una marca reconocida: también es necesario desempeñar un papel relevante en su vida diaria.