El 73% de la población mundial apoya prohibir las redes sociales a los menores de 14 años

El 73% de la población mundial apoya prohibir las redes sociales a los menores de 14 años
El Ipsos Edu­ca­tion Moni­tor 2026, ela­bo­ra­do por Ipsos en 31 paí­ses, reve­la que el 73% de los encues­ta­dos res­pal­da prohi­bir el acce­so a las redes socia­les a los meno­res de 14 años. El estu­dio tam­bién iden­ti­fi­ca la salud men­tal como el prin­ci­pal desa­fío de la juven­tud a esca­la glo­bal y cons­ta­ta dife­ren­cias entre las eco­no­mías emer­gen­tes y las madu­ras en cuan­to a las expec­ta­ti­vas de futu­ro y la valo­ra­ción de la edu­ca­ción supe­rior.

La preo­cu­pa­ción por la salud men­tal de los jóve­nes, la segu­ri­dad en inter­net y las opor­tu­ni­da­des edu­ca­ti­vas y labo­ra­les está mar­can­do la per­cep­ción social sobre el futu­ro de las nue­vas gene­ra­cio­nes. Así lo refle­ja el Ipsos Edu­ca­tion Moni­tor 2026, un estu­dio pre­sen­ta­do por Ipsos, com­pa­ñía espe­cia­li­za­da en inves­ti­ga­ción de mer­ca­dos, que ana­li­za las acti­tu­des hacia la edu­ca­ción y la juven­tud en 31 paí­ses.

Uno de los resul­ta­dos más des­ta­ca­dos del infor­me es el res­pal­do mayo­ri­ta­rio a limi­tar el acce­so de los meno­res a las redes socia­les. El 73% de los encues­ta­dos a esca­la mun­dial apo­ya que se prohí­ba su uso a los meno­res de 14 años, mien­tras que el 59% con­si­de­ra que los espa­cios onli­ne no son segu­ros para las per­so­nas jóve­nes. Ade­más, des­de 2024, el apo­yo a esta prohi­bi­ción ha aumen­ta­do en todos los paí­ses ana­li­za­dos, excep­to Chi­le y Tai­lan­dia.

En 30 de los 31 paí­ses inclui­dos en la inves­ti­ga­ción, la mayo­ría de la pobla­ción res­pal­da esta medi­da, lo que evi­den­cia una preo­cu­pa­ción exten­di­da por el entorno digi­tal en el que cre­cen los meno­res. Sin embar­go, la per­cep­ción sobre la tec­no­lo­gía no es uni­for­me. Mien­tras las redes socia­les gene­ran rece­los, la inte­li­gen­cia arti­fi­cial encuen­tra una mayor dis­po­si­ción a ser con­si­de­ra­da como una herra­mien­ta útil para el apren­di­za­je y el desa­rro­llo de opor­tu­ni­da­des.

De hecho, el 39% de los par­ti­ci­pan­tes con­si­de­ra que la inte­li­gen­cia arti­fi­cial debe­ría prohi­bir­se en las escue­las, un por­cen­ta­je infe­rior al apo­yo glo­bal a la res­tric­ción de las redes socia­les para meno­res. Los resul­ta­dos apun­tan así a una dife­ren­cia­ción entre tec­no­lo­gías per­ci­bi­das como poten­cial­men­te per­ju­di­cia­les y otras a las que se atri­bu­ye un papel posi­ti­vo en el ámbi­to edu­ca­ti­vo.

Más allá de la tec­no­lo­gía, el infor­me sitúa la salud men­tal en el cen­tro de las preo­cu­pa­cio­nes rela­cio­na­das con los jóve­nes. El 33% de los encues­ta­dos la iden­ti­fi­ca como el prin­ci­pal pro­ble­ma al que se enfren­ta esta gene­ra­ción en sus res­pec­ti­vos paí­ses. Ade­más, el 48% con­si­de­ra que las per­so­nas jóve­nes de su entorno nacio­nal tie­nen una salud men­tal defi­cien­te.

La situa­ción eco­nó­mi­ca tam­bién ocu­pa un lugar des­ta­ca­do. El 31% seña­la la eco­no­mía del país como uno de los prin­ci­pa­les desa­fíos para la juven­tud, segui­do por los efec­tos de las redes socia­les y tec­no­lo­gías como la inte­li­gen­cia arti­fi­cial, men­cio­na­dos por el 30%. La pobre­za y la des­igual­dad apa­re­cen a con­ti­nua­ción, con un 29%, mien­tras que el 25% iden­ti­fi­ca la acce­si­bi­li­dad y dis­po­ni­bi­li­dad de vivien­da como una difi­cul­tad rele­van­te.

Estos datos mues­tran que las inquie­tu­des sobre el bien­es­tar emo­cio­nal con­vi­ven con otras rela­cio­na­das con las con­di­cio­nes mate­ria­les de vida. El acce­so a la vivien­da, las pers­pec­ti­vas eco­nó­mi­cas y las opor­tu­ni­da­des de desa­rro­llo cons­ti­tu­yen fac­to­res que influ­yen en la mane­ra en que la socie­dad per­ci­be el futu­ro de las nue­vas gene­ra­cio­nes.

El estu­dio tam­bién iden­ti­fi­ca dife­ren­cias geo­grá­fi­cas en las expec­ta­ti­vas sobre el por­ve­nir. Según Ipsos, en nume­ro­sas eco­no­mías emer­gen­tes exis­te una con­fian­za con­si­de­ra­ble en que los jóve­nes ten­drán un futu­ro pro­me­te­dor y dis­fru­ta­rán de una vida mejor que la de sus padres. Por el con­tra­rio, en varias eco­no­mías occi­den­ta­les madu­ras, el opti­mis­mo res­pec­to a las opor­tu­ni­da­des de las pró­xi­mas gene­ra­cio­nes es más limi­ta­do.

Amé­ri­ca Lati­na des­ta­ca tan­to por las expec­ta­ti­vas posi­ti­vas sobre el futu­ro de los jóve­nes en algu­nas eco­no­mías de la región como por el res­pal­do a la edu­ca­ción uni­ver­si­ta­ria. En bue­na par­te de Euro­pa, en cam­bio, el escep­ti­cis­mo hacia la edu­ca­ción supe­rior está más exten­di­do.

Pese a estas dife­ren­cias, la uni­ver­si­dad con­ti­núa sien­do una vía de acce­so a las opor­tu­ni­da­des pro­fe­sio­na­les en la mayo­ría de los paí­ses ana­li­za­dos. En 29 de los 31 mer­ca­dos inclui­dos en el estu­dio, los encues­ta­dos son más pro­pen­sos a reco­men­dar que los jóve­nes cur­sen pri­me­ro estu­dios uni­ver­si­ta­rios antes de incor­po­rar­se al mer­ca­do labo­ral.

En pro­me­dio, el 53% con­si­de­ra que los títu­los uni­ver­si­ta­rios ofre­cen una bue­na rela­ción entre el cos­te y los bene­fi­cios que pro­por­cio­nan. Asi­mis­mo, las per­so­nas con nive­les edu­ca­ti­vos más altos son sis­te­má­ti­ca­men­te más pro­cli­ves a afir­mar que con­tar con un títu­lo uni­ver­si­ta­rio con­tri­bu­ye al pro­gre­so pro­fe­sio­nal.

Los resul­ta­dos refle­jan que, aun­que exis­ten dudas sobre el valor de la edu­ca­ción supe­rior en algu­nos paí­ses, la for­ma­ción uni­ver­si­ta­ria sigue ocu­pan­do un lugar rele­van­te en las expec­ta­ti­vas de desa­rro­llo labo­ral.

Las dife­ren­cias entre paí­ses tam­bién se mani­fies­tan en la impor­tan­cia que se con­ce­de a los pro­ble­mas eco­nó­mi­cos. En Argen­ti­na, el 49% de los encues­ta­dos iden­ti­fi­ca la situa­ción eco­nó­mi­ca nacio­nal como uno de los prin­ci­pa­les desa­fíos para los jóve­nes. Este por­cen­ta­je ha aumen­ta­do 25 pun­tos por­cen­tua­les res­pec­to al año ante­rior.

La evo­lu­ción con­tras­ta con el incre­men­to glo­bal de sie­te pun­tos por­cen­tua­les regis­tra­do en la pro­por­ción de per­so­nas que con­si­de­ran que la eco­no­mía de su país repre­sen­ta un desa­fío cla­ve para la juven­tud.

Mar­tín Tan­za­rie­llo, direc­tor de Mar­ke­ting y Comu­ni­ca­ción de Ipsos Argen­ti­na, expli­ca que “En Argen­ti­na, la eco­no­mía se posi­cio­na como el prin­ci­pal desa­fío que enfren­tan los jóve­nes. La mitad de los encues­ta­dos la iden­ti­fi­ca como una preo­cu­pa­ción cla­ve, un por­cen­ta­je que aumen­tó de mane­ra sig­ni­fi­ca­ti­va res­pec­to del año ante­rior. Al mis­mo tiem­po, nues­tro estu­dio mues­tra que los títu­los uni­ver­si­ta­rios con­ti­núan tenien­do una valo­ra­ción impor­tan­te en el país. Estos resul­ta­dos per­mi­ten obser­var cómo las expec­ta­ti­vas de las nue­vas gene­ra­cio­nes con­vi­ven con las con­di­cio­nes eco­nó­mi­cas que atra­vie­sa cada socie­dad”.

La valo­ra­ción de la uni­ver­si­dad en Argen­ti­na pone de mani­fies­to que la preo­cu­pa­ción por las difi­cul­ta­des eco­nó­mi­cas no eli­mi­na las expec­ta­ti­vas depo­si­ta­das en la edu­ca­ción como herra­mien­ta para mejo­rar las pers­pec­ti­vas pro­fe­sio­na­les.

En con­jun­to, el Ipsos Edu­ca­tion Moni­tor 2026 plan­tea que la con­fian­za en el futu­ro de los jóve­nes no pue­de dar­se por sen­ta­da. Las dife­ren­cias entre eco­no­mías emer­gen­tes y madu­ras mues­tran que las expec­ta­ti­vas de pro­gre­so depen­den, en bue­na medi­da, de las opor­tu­ni­da­des que cada socie­dad con­si­de­ra dis­po­ni­bles para las pró­xi­mas gene­ra­cio­nes.

El infor­me tam­bién refle­ja una acti­tud más mati­za­da ante la trans­for­ma­ción tec­no­ló­gi­ca: la preo­cu­pa­ción por la segu­ri­dad digi­tal y la salud men­tal con­vi­ve con una mayor dis­po­si­ción a explo­rar el poten­cial edu­ca­ti­vo de la inte­li­gen­cia arti­fi­cial.

Para Ipsos, el desa­fío con­sis­te en eva­luar el pro­gre­so no solo por los avan­ces alcan­za­dos, sino tam­bién por la con­fian­za de los jóve­nes en que podrán bene­fi­ciar­se de ellos. Las expec­ta­ti­vas sobre la edu­ca­ción, la eco­no­mía y el bien­es­tar emo­cio­nal serán deter­mi­nan­tes para com­pren­der cómo las socie­da­des afron­tan los cam­bios que mar­ca­rán el futu­ro de las nue­vas gene­ra­cio­nes.

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