El 44% de los CIOs admite que ya no puede seguir el ritmo de la innovación tecnológica

El 44% de los CIOs admite que ya no puede seguir el ritmo de la innovación tecnológica
La ace­le­ra­ción de la inno­va­ción tec­no­ló­gi­ca está rede­fi­nien­do el papel de los direc­to­res de tec­no­lo­gía. Un infor­me inter­na­cio­nal de Expe­ris reve­la que el 44% de los CIOs con­si­de­ra que man­te­ner­se al día con el cam­bio tec­no­ló­gi­co es su mayor desa­fío, mien­tras la inte­li­gen­cia arti­fi­cial pasa de la expe­ri­men­ta­ción a con­ver­tir­se en una herra­mien­ta orien­ta­da a gene­rar valor de nego­cio.

La velo­ci­dad a la que evo­lu­cio­nan las nue­vas tec­no­lo­gías se ha con­ver­ti­do en el prin­ci­pal que­bra­de­ro de cabe­za para los res­pon­sa­bles tec­no­ló­gi­cos de las empre­sas. Así lo refle­ja el Infor­me CIOs 2026: IA, de la dis­rup­ción a la eje­cu­ción, ela­bo­ra­do por Expe­ris, que con­clu­ye que el 44% de los líde­res tec­no­ló­gi­cos admi­te que no logra seguir el rit­mo del cam­bio, una cifra diez pun­tos supe­rior a la regis­tra­da en 2025.

El estu­dio, pre­sen­ta­do por la com­pa­ñía espe­cia­li­za­da en solu­cio­nes tec­no­ló­gi­cas y ges­tión del talen­to, ana­li­za las res­pues­tas de cer­ca de 2.000 CIOs, CTOs, CISOs y otros res­pon­sa­bles de tec­no­lo­gía de doce paí­ses. Sus con­clu­sio­nes dibu­jan un esce­na­rio en el que la trans­for­ma­ción digi­tal ya no depen­de úni­ca­men­te de iden­ti­fi­car las herra­mien­tas más inno­va­do­ras, sino de ser capaz de inte­grar­las con éxi­to en la estra­te­gia empre­sa­rial y tra­du­cir­las en resul­ta­dos tan­gi­bles.

La inves­ti­ga­ción seña­la que la cre­cien­te com­ple­ji­dad tec­no­ló­gi­ca obli­ga a los CIOs a ges­tio­nar simul­tá­nea­men­te múl­ti­ples prio­ri­da­des: ace­le­rar la inno­va­ción, pro­te­ger a las orga­ni­za­cio­nes fren­te a ries­gos de ciber­se­gu­ri­dad, opti­mi­zar inver­sio­nes y garan­ti­zar que la tec­no­lo­gía con­tri­bu­ya direc­ta­men­te a la com­pe­ti­ti­vi­dad del nego­cio.

Uno de los cam­bios más rele­van­tes que iden­ti­fi­ca el infor­me es la evo­lu­ción del pro­pio rol del CIO. Si en años ante­rio­res la ciber­se­gu­ri­dad ocu­pa­ba el cen­tro de sus res­pon­sa­bi­li­da­des, aho­ra la prio­ri­dad pasa a ser la cone­xión entre la tec­no­lo­gía y los obje­ti­vos cor­po­ra­ti­vos.

En con­cre­to, el 48% de los encues­ta­dos con­si­de­ra que su prin­ci­pal fun­ción con­sis­te en ali­near la estra­te­gia de IT con los obje­ti­vos de nego­cio, fren­te al 34% que lo afir­ma­ba en 2025. Este cam­bio con­fir­ma el cre­cien­te peso de los depar­ta­men­tos tec­no­ló­gi­cos en la toma de deci­sio­nes estra­té­gi­cas y sitúa a los CIOs como figu­ras cla­ve den­tro de los comi­tés de direc­ción.

Sin embar­go, este mayor pro­ta­go­nis­mo no siem­pre vie­ne acom­pa­ña­do de un reco­no­ci­mien­to equi­va­len­te por par­te del res­to de la alta direc­ción. El infor­me reve­la que el 61% de los res­pon­sa­bles tec­no­ló­gi­cos con­si­de­ra que sus homó­lo­gos eje­cu­ti­vos no com­pren­den ple­na­men­te cuál es su papel ni qué recur­sos nece­si­tan para desem­pe­ñar­lo con éxi­to.

Esta fal­ta de enten­di­mien­to, según el docu­men­to, pue­de ralen­ti­zar deci­sio­nes crí­ti­cas y difi­cul­tar la implan­ta­ción de pro­yec­tos de trans­for­ma­ción digi­tal, espe­cial­men­te en un momen­to en el que las orga­ni­za­cio­nes deben res­pon­der con rapi­dez a los avan­ces tec­no­ló­gi­cos.

El estu­dio de Expe­ris tam­bién pone el foco en la madu­rez que está alcan­zan­do la inte­li­gen­cia arti­fi­cial den­tro de las empre­sas. Tras una eta­pa ini­cial mar­ca­da por la expe­ri­men­ta­ción y los pro­yec­tos pilo­to, las orga­ni­za­cio­nes comien­zan a exi­gir resul­ta­dos medi­bles de sus inver­sio­nes.

Actual­men­te, el 54% de los líde­res tec­no­ló­gi­cos ase­gu­ra que las inver­sio­nes en IA ya están gene­ran­do un retorno posi­ti­vo, mien­tras que úni­ca­men­te el 31% con­si­de­ra que las com­pa­ñías están des­ti­nan­do dema­sia­dos recur­sos a esta tec­no­lo­gía. Estos datos apun­tan a un cam­bio de per­cep­ción: la con­ver­sa­ción ya no gira tan­to en torno al poten­cial de la IA como a su capa­ci­dad para apor­tar efi­cien­cia, pro­duc­ti­vi­dad y cre­ci­mien­to.

Para Fer­nan­do Agui­lar, direc­tor comer­cial de Expe­ris, el ver­da­de­ro desa­fío no resi­de en la tec­no­lo­gía, sino en la capa­ci­dad de las orga­ni­za­cio­nes para incor­po­rar­la a su fun­cio­na­mien­to coti­diano. “La bre­cha entre lo que la tec­no­lo­gía es capaz de hacer y lo que las orga­ni­za­cio­nes están pre­pa­ra­das para eje­cu­tar no ha hecho más que ampliar­se. La inver­sión en IA se encuen­tra en nive­les his­tó­ri­cos, pero los retor­nos no avan­zan al mis­mo rit­mo”.

“La ver­da­de­ra difi­cul­tad está en hacer que la IA fun­cio­ne den­tro de orga­ni­za­cio­nes reales, con pro­ce­sos reales, per­so­nas y res­pon­sa­bi­li­da­des reales. El reto para los CIOs ya no es úni­ca­men­te impul­sar la inno­va­ción, sino con­se­guir que esta pue­da inte­grar­se y gene­rar valor den­tro del nego­cio”.

Más allá de la tec­no­lo­gía, el infor­me iden­ti­fi­ca un ele­men­to deter­mi­nan­te para el éxi­to de la trans­for­ma­ción digi­tal: las per­so­nas. La rápi­da evo­lu­ción de la inte­li­gen­cia arti­fi­cial, la auto­ma­ti­za­ción y las nue­vas pla­ta­for­mas incre­men­ta la deman­da de pro­fe­sio­na­les capa­ces de imple­men­tar, ges­tio­nar y adap­tar estas solu­cio­nes den­tro de las orga­ni­za­cio­nes.

Según Expe­ris, la dife­ren­cia entre adop­tar una tec­no­lo­gía y apro­ve­char todo su poten­cial depen­de­rá cada vez más de la com­bi­na­ción entre la cap­ta­ción de talen­to espe­cia­li­za­do y la actua­li­za­ción con­ti­nua de las com­pe­ten­cias de los equi­pos exis­ten­tes.

Este plan­tea­mien­to refuer­za una ten­den­cia que ya venía obser­ván­do­se en el mer­ca­do labo­ral tec­no­ló­gi­co: las empre­sas nece­si­tan per­fi­les capa­ces de com­bi­nar cono­ci­mien­tos téc­ni­cos con una visión estra­té­gi­ca del nego­cio, así como habi­li­da­des para lide­rar pro­ce­sos de cam­bio y cola­bo­ra­ción entre dis­tin­tas áreas cor­po­ra­ti­vas.

El incre­men­to de diez pun­tos en el por­cen­ta­je de CIOs que reco­no­ce difi­cul­ta­des para seguir el rit­mo de la inno­va­ción refle­ja la inten­si­dad del momen­to que atra­vie­sa el sec­tor. La apa­ri­ción cons­tan­te de nue­vas solu­cio­nes basa­das en inte­li­gen­cia arti­fi­cial, la evo­lu­ción de las ame­na­zas de ciber­se­gu­ri­dad y la nece­si­dad de jus­ti­fi­car el retorno de las inver­sio­nes sitúan a los res­pon­sa­bles tec­no­ló­gi­cos ante un esce­na­rio de ele­va­da exi­gen­cia.

El Infor­me CIOs 2026: IA, de la dis­rup­ción a la eje­cu­ción con­clu­ye que el éxi­to de las orga­ni­za­cio­nes depen­de­rá menos de quién adop­te antes una tec­no­lo­gía y más de quién sea capaz de eje­cu­tar­la con efi­ca­cia. En ese con­tex­to, el CIO deja de ser un ges­tor de infra­es­truc­tu­ras para con­so­li­dar­se como uno de los prin­ci­pa­les impul­so­res de la estra­te­gia empre­sa­rial, con la misión de con­ver­tir la inno­va­ción en cre­ci­mien­to sos­te­ni­ble.

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