Las sucesivas olas de calor y las previsiones de un clima cada vez más extremo están poniendo de manifiesto las limitaciones de buena parte del parque escolar español. Según advierte Sto Ibérica, la adaptación de los centros educativos pasa por una rehabilitación integral que mejore el aislamiento, el control solar, la ventilación y el confort térmico, con el objetivo de proteger tanto la salud como el rendimiento académico del alumnado.
El aumento de las temperaturas y la mayor frecuencia de las olas de calor están convirtiendo el confort térmico en uno de los principales retos para los centros educativos. Lo que hace apenas unos años se percibía como una incomodidad puntual durante las últimas semanas del curso escolar se ha transformado en una cuestión que afecta a la salud, al bienestar y al rendimiento académico de millones de estudiantes, al tiempo que plantea un desafío para la adaptación de las infraestructuras educativas al cambio climático.
Así lo pone de manifiesto Sto Ibérica, empresa especializada en la fabricación y comercialización de productos y sistemas de construcción, que en un comunicado firmado por su equipo de expertos alerta de que gran parte de los colegios españoles no fueron diseñados para soportar las condiciones térmicas que hoy se registran durante los meses de verano.
La compañía recuerda que las previsiones de la Organización Meteorológica Mundial apuntan a que las temperaturas extremas seguirán aumentando y que los récords de calor serán cada vez más probables durante los próximos años. Este escenario coincide, además, con un uso creciente de las instalaciones escolares durante el verano, ya que numerosos centros permanecen abiertos para acoger campamentos y actividades estivales.
En este contexto, Sto Ibérica subraya que la necesidad de adaptar los edificios educativos está alineada con la Ley Orgánica 3/2020, que establece que los centros deben disponer de unas condiciones físicas que no perjudiquen la salud ni el aprendizaje del alumnado.
Uno de los principales problemas reside en la antigüedad de buena parte de los edificios educativos. Según recoge el comunicado, una parte significativa de los colegios fue construida antes de la entrada en vigor de las actuales exigencias de eficiencia energética. Esta circunstancia se traduce en fachadas con escaso aislamiento, carpinterías antiguas, ausencia de sistemas de protección solar y edificios que no responden adecuadamente a las condiciones climáticas actuales.

La empresa señala que, aunque el Real Decreto 486⁄1997 fija una temperatura de referencia de hasta 27 grados centígrados para los espacios donde se desarrollan actividades sedentarias, muchas aulas superan ampliamente ese umbral durante los episodios de calor intenso.
A ello se suma, según explica el comunicado, una diferencia entre el cumplimiento de la normativa y las condiciones reales de confort. Mientras el Código Técnico de la Edificación regula principalmente la eficiencia energética del edificio, las condiciones térmicas interiores dependen del Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios (RITE), cuyos requisitos solo son plenamente aplicables cuando existen sistemas de climatización, algo que no sucede en todos los centros educativos.
Como consecuencia, numerosos colegios cumplen formalmente la legislación vigente, pero no consiguen garantizar unas condiciones adecuadas para afrontar las altas temperaturas.
Sto Ibérica cita las advertencias de la Asociación Española de Pediatría, que señala que, a partir de temperaturas de entre 26 y 27 grados, comienzan a deteriorarse capacidades cognitivas fundamentales como la concentración, la memoria, la comprensión lectora y el bienestar general de los menores.
La entidad también advierte de que cada grado adicional de temperatura reduce el rendimiento académico y aumenta significativamente la probabilidad de obtener peores resultados escolares, especialmente en aulas que carecen de sistemas de climatización.
Además del impacto sobre el aprendizaje, las altas temperaturas incrementan la irritabilidad, favorecen el estrés térmico y dificultan el desarrollo normal de la actividad docente. Ante este escenario, Sto Ibérica considera que la respuesta no debe limitarse a instalar equipos de aire acondicionado, sino que pasa por actuar sobre el conjunto del edificio.
En este sentido, los expertos de la compañía sostienen que “la adaptación de los centros educativos exige actuar sobre el edificio en su conjunto, con soluciones capaces de reducir la entrada de calor, estabilizar la temperatura interior y mejorar el confort real de las aulas”.
Entre las principales actuaciones propuestas figura el refuerzo del aislamiento térmico de la envolvente del edificio, considerado el punto de partida para reducir tanto las pérdidas como las ganancias de calor y disminuir la dependencia de los sistemas de climatización.
La empresa destaca especialmente los Sistemas de Aislamiento Térmico por el Exterior (SATE), capaces de envolver el edificio de forma continua, mejorar su comportamiento energético y reducir los puentes térmicos. Asimismo, señala las ventajas de las fachadas ventiladas, cuya cámara de aire contribuye a mejorar el comportamiento térmico, facilita la evacuación de la humedad y ayuda también a reducir el ruido procedente del exterior.

Otra de las prioridades pasa por reducir la entrada de calor a través de ventanas y acristalamientos. Sto Ibérica explica que la sustitución de carpinterías antiguas por soluciones de altas prestaciones, con doble o triple acristalamiento y control solar, permite limitar las ganancias térmicas, mejorar la estanqueidad del edificio y crear espacios más silenciosos, favoreciendo la concentración del alumnado.
Cuando las actuaciones sobre la fachada no son viables, la empresa plantea alternativas desde el interior del edificio, como el refuerzo del aislamiento mediante sistemas interiores o la incorporación de materiales aislantes en cámaras existentes. A estas medidas se añaden elementos de control solar, como cortinas técnicas, estores o láminas específicas que reducen la radiación directa sin comprometer la iluminación natural de las aulas.
La ventilación constituye otro de los aspectos clave de la estrategia propuesta. En este ámbito, la compañía apuesta por sistemas de ventilación mecánica con recuperación de energía, capaces de introducir aire exterior filtrado y extraer el aire viciado recuperando parte de la energía térmica, lo que permite mejorar simultáneamente la calidad del aire y la eficiencia energética.
La adaptación climática, según Sto Ibérica, no debe limitarse al interior de los edificios. Los patios escolares, las zonas deportivas y los espacios de recreo también alcanzan temperaturas muy elevadas cuando predominan superficies asfaltadas o pavimentos con elevada capacidad de acumulación térmica.
Por ello, la empresa propone incrementar las zonas de sombra mediante arbolado, pérgolas y vegetación, además de incorporar pavimentos más permeables o con menor absorción de calor para mejorar el confort durante los recreos y las actividades al aire libre.
Como complemento, recomienda el empleo de revestimientos y pinturas de alta reflectancia en fachadas y cubiertas. Estas soluciones permiten reflejar una parte importante de la radiación solar y reducir la cantidad de calor absorbida por el edificio. En el caso de las cubiertas, las tecnologías denominadas cool roof ayudan a disminuir la temperatura superficial y limitan la transmisión del calor hacia el interior.
Para Sto Ibérica, la creciente intensidad de las olas de calor convierte la rehabilitación energética de los centros educativos en una prioridad. La compañía considera que actuar de forma integral sobre los edificios permitirá no solo reducir el consumo energético, sino también crear espacios más saludables y preparados para un contexto climático que, según todos los indicadores, será cada vez más exigente durante los próximos años.