Más de la mitad de los espa­ño­les ha modi­fi­ca­do sus hábi­tos de con­su­mo ener­gé­ti­co para redu­cir el impac­to de la fac­tu­ra de la luz duran­te la cues­ta de enero, según un estu­dio ela­bo­ra­do por Camby, que aler­ta del cre­cien­te estrés, la incer­ti­dum­bre men­sual y el esca­so cam­bio de tari­fas pese al aumen­to sos­te­ni­do del pre­cio de la elec­tri­ci­dad.

La cono­ci­da como “cues­ta de enero” vuel­ve a poner a prue­ba la eco­no­mía de los hoga­res espa­ño­les, este año con un fac­tor adi­cio­nal de pre­sión: el cos­te de la elec­tri­ci­dad. Más de la mitad de la pobla­ción ha adop­ta­do medi­das acti­vas para redu­cir su con­su­mo ener­gé­ti­co y tra­tar de con­te­ner el impac­to de la fac­tu­ra de la luz, según reve­la el estu­dio Hábi­tos y per­cep­ción del sec­tor ener­gé­ti­co en Espa­ña 2026, ela­bo­ra­do por la empre­sa tec­no­ló­gi­ca Camby, espe­cia­li­za­da en la opti­mi­za­ción auto­má­ti­ca de tari­fas ener­gé­ti­cas.

El infor­me, rea­li­za­do a par­tir de una mues­tra repre­sen­ta­ti­va de hoga­res espa­ño­les, seña­la que el 54% de los ciu­da­da­nos ha modi­fi­ca­do sus hábi­tos duran­te el ini­cio del año con el obje­ti­vo de aho­rrar en su reci­bo eléc­tri­co. Se tra­ta de un esfuer­zo gene­ra­li­za­do que refle­ja cómo el pre­cio de la ener­gía se ha con­so­li­da­do como una de las prin­ci­pa­les preo­cu­pa­cio­nes eco­nó­mi­cas para las fami­lias, espe­cial­men­te en un perio­do mar­ca­do tra­di­cio­nal­men­te por el aumen­to de gas­tos tras las fies­tas navi­de­ñas.

Entre las medi­das más fre­cuen­tes adop­ta­das por los hoga­res des­ta­ca el mayor con­trol del con­su­mo eléc­tri­co coti­diano. El 67% de los encues­ta­dos afir­ma apa­gar más luces o dis­po­si­ti­vos elec­tró­ni­cos, mien­tras que el 54% ha opta­do por bajar la tem­pe­ra­tu­ra de la cale­fac­ción o redu­cir el con­fort tér­mi­co del hogar. Ade­más, un 51% reco­no­ce limi­tar el uso de elec­tro­do­més­ti­cos como lava­do­ras, hor­nos o lava­va­ji­llas para evi­tar picos de con­su­mo.

Estas deci­sio­nes, según el estu­dio, evi­den­cian un cam­bio de com­por­ta­mien­to que, en muchos casos, impli­ca renun­cias en la cali­dad de vida dia­ria. “El aho­rro ener­gé­ti­co se está logran­do, en gran medi­da, a cos­ta del con­fort”, apun­tan los auto­res del infor­me, que sub­ra­yan cómo el enca­re­ci­mien­to de la elec­tri­ci­dad está con­di­cio­nan­do ruti­nas bási­cas den­tro del hogar.

A pesar de estos esfuer­zos, el estu­dio pone de mani­fies­to una para­do­ja sig­ni­fi­ca­ti­va: solo una mino­ría de los con­su­mi­do­res actúa sobre uno de los fac­to­res que más influ­yen en el impor­te final de la fac­tu­ra, la tari­fa con­tra­ta­da. Ape­nas el 30% de los encues­ta­dos afir­ma haber com­pa­ra­do dis­tin­tas ofer­tas duran­te la cues­ta de enero y solo el 15% ha lle­ga­do a cam­biar de pro­vee­dor eléc­tri­co.

Este esca­so movi­mien­to en el mer­ca­do, según Camby, se expli­ca en gran par­te por la com­ple­ji­dad del sis­te­ma eléc­tri­co espa­ñol y la fal­ta de trans­pa­ren­cia per­ci­bi­da por los con­su­mi­do­res. “El sis­te­ma eléc­tri­co es com­ple­jo y poco trans­pa­ren­te, y eso pro­vo­ca que muchas per­so­nas no den el paso de com­pa­rar o cam­biar de pro­vee­dor. En Camby cree­mos que el aho­rro no debe­ría depen­der de que el usua­rio ten­ga tiem­po o cono­ci­mien­tos, sino de solu­cio­nes inte­li­gen­tes que actúen por él de for­ma auto­má­ti­ca”, seña­la Mario Fer­nán­dez, CEO y cofun­da­dor de la com­pa­ñía.

La incer­ti­dum­bre jue­ga tam­bién un papel cla­ve. El 57% de los par­ti­ci­pan­tes en el estu­dio ase­gu­ra sen­tir­se preo­cu­pa­do por no saber cuán­to paga­rá cada mes en su reci­bo de la luz, una fal­ta de pre­vi­si­bi­li­dad que difi­cul­ta la pla­ni­fi­ca­ción finan­cie­ra y refuer­za la sen­sa­ción de pér­di­da de con­trol sobre un gas­to bási­co.

El impac­to del pre­cio de la elec­tri­ci­dad no se limi­ta al ámbi­to eco­nó­mi­co. Según el infor­me, el 50% de los hoga­res ha teni­do que modi­fi­car ruti­nas coti­dia­nas para redu­cir el con­su­mo ener­gé­ti­co. Entre los cam­bios más habi­tua­les se encuen­tran coci­nar menos en casa, acor­tar la dura­ción de las duchas o reor­ga­ni­zar hora­rios para apro­ve­char mejor deter­mi­na­dos tra­mos de con­su­mo.

Este ajus­te cons­tan­te está tenien­do con­se­cuen­cias emo­cio­na­les. Casi 2 de cada 10 hoga­res, un 20%, reco­no­cen sen­tir estrés o ansie­dad cuan­do lle­ga el reci­bo eléc­tri­co, una cifra que refle­ja has­ta qué pun­to la fac­tu­ra de la luz se ha con­ver­ti­do en una fuen­te de preo­cu­pa­ción recu­rren­te. En este con­tex­to, 8 de cada 10 hoga­res han redu­ci­do el uso de la cale­fac­ción o del aire acon­di­cio­na­do como medi­da direc­ta para con­te­ner el impor­te men­sual.

El estu­dio de Camby pone cifras a una per­cep­ción exten­di­da entre los con­su­mi­do­res: el enca­re­ci­mien­to pro­gre­si­vo de la elec­tri­ci­dad. Sie­te de cada diez hoga­res ase­gu­ran que su fac­tu­ra ha aumen­ta­do al menos 10 euros al mes en el últi­mo año. De este gru­po, más de la mitad (55%) decla­ra incre­men­tos de entre 10 y 20 euros men­sua­les, mien­tras que un 16% afir­ma pagar inclu­so más que hace un año.

Este fenó­meno, que el infor­me defi­ne como una “subi­da silen­cio­sa”, se carac­te­ri­za por incre­men­tos gra­dua­les que, acu­mu­la­dos mes a mes, aca­ban tenien­do un impac­to sig­ni­fi­ca­ti­vo en la eco­no­mía domés­ti­ca, espe­cial­men­te en un con­tex­to de infla­ción y aumen­to gene­ra­li­za­do del cos­te de la vida.

Ante este esce­na­rio, Camby plan­tea un mode­lo alter­na­ti­vo de ges­tión de la ener­gía basa­do en el deno­mi­na­do autos­wit­ching ener­gé­ti­co. Este sis­te­ma uti­li­za tec­no­lo­gía para ana­li­zar de for­ma con­ti­nua las tari­fas reales del mer­ca­do y el con­su­mo espe­cí­fi­co de cada usua­rio, con el obje­ti­vo de iden­ti­fi­car auto­má­ti­ca­men­te las mejo­res opcio­nes dis­po­ni­bles y eje­cu­tar los cam­bios nece­sa­rios sin inter­ven­ción del clien­te.

Según la com­pa­ñía, este enfo­que per­mi­te tras­la­dar la com­ple­ji­dad del mer­ca­do eléc­tri­co a un segun­do plano y ofre­cer a los hoga­res mayor cla­ri­dad, tran­qui­li­dad y un aho­rro sos­te­ni­do en el tiem­po. Una pro­pues­ta que cobra espe­cial rele­van­cia en momen­tos de mayor pre­sión eco­nó­mi­ca como la cues­ta de enero, cuan­do cada euro cuen­ta y la fac­tu­ra de la luz se con­vier­te en una de las prin­ci­pa­les preo­cu­pa­cio­nes de los hoga­res espa­ño­les.