El encarecimiento de la electricidad sigue influyendo de forma directa en la vida cotidiana de los hogares españoles, hasta el punto de alterar tradiciones, rutinas y el bienestar emocional de millones de personas, según revela un estudio elaborado por la compañía energética Camby.
El aumento sostenido del precio de la electricidad continúa marcando el día a día de los hogares españoles y condicionando decisiones que van más allá del simple control del gasto. Incluso celebraciones tan arraigadas como la Navidad se han visto afectadas. Así lo pone de manifiesto la primera edición del estudio Hábitos y percepción del sector energético en España 2026, elaborado por la empresa Camby, que revela que el 22,7% de los españoles decidió no colocar luces navideñas en su vivienda para evitar un incremento en la factura eléctrica.
Este dato ilustra un cambio profundo en los comportamientos de consumo energético, en un contexto económico en el que muchas familias priorizan la contención del gasto frente a elementos tradicionalmente asociados al ocio y la celebración. La renuncia a la iluminación decorativa forma parte de una estrategia más amplia de ahorro que se intensifica especialmente durante los meses de invierno y, en particular, durante la conocida como cuesta de enero.
Según el estudio, el 67,6% de los hogares afirma apagar más luces o dispositivos eléctricos para reducir el consumo, mientras que el 54,5% ha optado por bajar la calefacción o reducir la temperatura del hogar. Además, más de la mitad de los encuestados asegura haber limitado el uso de electrodomésticos como lavadoras, hornos o secadoras con el objetivo de contener el gasto energético mensual.
Para Mario Fernández, CEO de Camby, los resultados reflejan una transformación significativa en la forma en que los ciudadanos se relacionan con la energía. “Que casi uno de cada cuatro españoles haya decidido no poner luces de Navidad para evitar un aumento en la factura demuestra hasta qué punto el precio de la electricidad condiciona ya decisiones muy cotidianas. No hablamos solo de ahorro, sino de renuncias y de cambios en la forma de vivir. Desde Camby trabajamos para que los hogares puedan ver otras alternativas de forma sencilla y elegir la que mejor encaje con su presupuesto, sin necesidad de cambiar su forma de vivir”, señala.
El informe confirma que la percepción de encarecimiento del recibo eléctrico se intensifica durante los meses más fríos del año. Uno de cada cuatro españoles identifica el mes de enero, coincidiendo con las bajas temperaturas y el aumento del consumo durante las fiestas navideñas, como el periodo en el que más se incrementa su factura de la luz. De hecho, el 25,5% de los encuestados sitúa el primer trimestre del año como el tramo más caro, una tendencia asociada al mayor uso de calefacción y otros sistemas de climatización.
Esta percepción se ha visto reforzada por episodios meteorológicos recientes, como el temporal Francis, que provocó un descenso generalizado de las temperaturas en buena parte del país y obligó a muchos hogares a incrementar su consumo energético para mantener condiciones mínimas de confort.

En este contexto, la energía se ha convertido en una de las principales preocupaciones económicas para las familias, que ajustan sus hábitos de forma preventiva ante la expectativa de facturas más elevadas. La calefacción, la iluminación y el uso de electrodomésticos se gestionan con mayor cautela, y cada decisión de consumo es evaluada en función de su impacto en el recibo mensual.
Más allá del impacto económico directo, el estudio de Camby pone el foco en una dimensión menos visible, pero igualmente relevante: la incertidumbre. El 57,2% de los españoles reconoce que le preocupa no saber cuánto pagará cada mes por la luz, una falta de previsibilidad que obliga a mantener una vigilancia constante del consumo eléctrico en el hogar.
Esta preocupación se traduce en cambios en las rutinas diarias. La mitad de los ciudadanos admite haber modificado hábitos como cocinar con menos frecuencia, reducir la duración de las duchas o limitar el uso de determinados aparatos eléctricos. Se trata de ajustes cotidianos que, aunque individuales, reflejan una tendencia generalizada hacia un consumo más contenido y vigilado.
La electricidad deja así de ser un servicio invisible para convertirse en un elemento central de planificación doméstica, generando una sensación de control permanente que afecta a la calidad de vida de los hogares. En muchos casos, esta situación no solo implica un esfuerzo económico, sino también una carga mental asociada a la gestión constante del gasto.
El informe también evidencia que el encarecimiento de la energía tiene consecuencias directas sobre el bienestar emocional de los ciudadanos. Casi uno de cada cinco encuestados afirma que la llegada de la factura de la luz le genera estrés o ansiedad, confirmando que el impacto del precio de la electricidad va más allá del ámbito estrictamente económico.
Este malestar se suma a la presión financiera que experimentan muchos hogares y contribuye a una percepción de inseguridad energética que afecta especialmente a los meses de invierno. La combinación de temperaturas bajas, mayor consumo y precios elevados crea un escenario en el que la factura eléctrica se convierte en una fuente recurrente de preocupación.
Los datos del estudio reflejan, en definitiva, cómo el contexto energético actual está redefiniendo las prioridades y hábitos de consumo en España. Desde la renuncia a elementos simbólicos como la iluminación navideña hasta la modificación de rutinas diarias, los hogares adoptan estrategias de ahorro que evidencian un cambio estructural en la relación con la energía.
En este escenario, iniciativas orientadas a mejorar la información, la transparencia y el acceso a alternativas energéticas se perfilan como claves para reducir la incertidumbre y aliviar la presión económica y emocional que soportan los consumidores. Mientras tanto, la factura de la luz sigue siendo un factor determinante en la vida cotidiana de millones de españoles.
